viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo que sé de mi y siempre me lo negaré

A veces pienso que mi vida está hecha unos zorros. Otras veces no lo pienso, lo sé.

Últimamente cocino el dolor por la pérdida de quien me dio la vida, utilizando la crisis de los cuarenta como guarnición, lo aliño con un síndrome postvacacional y lo condimento con una abstenia primaveral que llega con varios meses de retraso. Todo ello me produce ese dolor físico en la boca del estómago que uno no sabe bien si es pena o gastroenteritis. Lo que sí sé es que no se alivia ni con lágrimas ni con un tremendo muñequito de barro.

Y, aunque siempre negaré haber escrito esto, sé otras muchas cosas.

Sé que mi existencia está llena de carencias, de vacíos que ignoro cómo llenar o que – simplemente- me faltan cojones para hacerlo.

Sé que la generosidad que no escatimo con los extraños no indemniza la mezquindad que me sobra con quienes me quieren.

Sé que soy el primero en saltar del tren para salvarme sin ningún rasguño aunque lo haga descarrilar y me subo al siguiente sin importarme el destino, porque intuyo que nunca llegaré.

Sé que soy un poquito insociable y que detesto la soledad que, a pesar de todo, no dejo de perseguir.

Sé que tengo una sombra negra. O que una sombra negra me tiene a mí.

Sé que quien escribió el libro de mi porvenir es un hijodeputa que fotocopió la misma página cientos de veces.

Sé que la inspiración que me asalta en los principios, siempre se convierte en exasperación en los finales.

Sé que la decisión que me sobra para lanzarme al vacío, me falta para aprender a vivir sin conflictos.

Sé que tengo buen corazón, aunque es de cartón-piedra.

Y también sé que necesito relajarme en cuerpo y mente, y sobre todo, aliviar mi espíritu. Pero ignoro cómo hacerlo o –simplemente-, me faltan cojones para ello.

martes, 31 de agosto de 2010

En tren a la feria

- ¿Alguna vez viajaste en un ferrocarril con otra persona, sentados frente a frente, cada un en su ventanilla?

- Creo que sí. Ahora no recuerdo la ocasión precisa. ¿A qué viene eso?

- ¿No te fijaste que si las dos personas se ponen a comentar el paisaje que ven, el comentario del que mira hacia adelante no es exactamente el mismo que el del que mira hacia atrás?

- Te confieso que no me fijé nunca en ese detalle. Pero es posible.

- Yo en cambio me fijé siempre. Porque desde niña, cuando viajaba en ferrocarril, me apasionaba mirar el paisaje. Era uno de mis placeres favoritos. Nunca leía en el ferrocarril. Tampoco ahora, si viajo en tren, me gusta leer. Me fascina ese paisaje vertiginoso, que corre a mi lado, pero en dirección contraria. Pero cuando voy sentada hacia adelante, me parece que el paisaje viene hacia mí, me siento optimista, qué se yo.

- ¿Y si vas mirando hacia atrás?

- Me parece que el paisaje se va, se diluye, se muere. Francamente, me deprime.

¿bonito ehhhh? No es mío, obviamente. Es un pasaje de “Primavera con una esquina rota” la obra maestra (con permiso de "La Tregua") de mi admirado Mario. Aunque creo que ya lo he dicho en otra ocasión: léanla si no lo han hecho, por favor.

No sé si ya he incluido este fragmento en algún otro post. Es probable, dada mi predilección por Benedetti. Pero me da pereza revisarlos, así que...aguántense.

De todas formas, esto ya lo decía mi abuela usando el refranero: “Cada uno ve la feria según le va en ella” (ya ven, mi güelina, que pasó media vida trabajando como una burra y llevando palos por ser roja, recitando al Marqués de Santillana).

¿Por qué esta entrada? No tengo ni idea. Quizás porque soy un culo inquieto que no hace más que cambiar de asiento en el tren. Vamos, que no se si voy de feria o vuelvo del mercado.

sábado, 28 de agosto de 2010

Insolvencia

Hace tiempo que se agotó mi crédito. No sé como pagaré cuando el destino se quiera cobrar mi deuda. Y lo peor de todo es que... continúo firmando cheques sin fondo.

jueves, 27 de mayo de 2010

Mamá

Rendirse nunca fue una opción. Ni aún cuando sabía que tenía perdida la batalla. Por eso, al final, ganó la guerra: siempre la recordaremos como la increíble y valiente mujer que fue.

jueves, 29 de octubre de 2009

Retirada

Algún dia nos volveremos a ver. Quien sabe si dentro de unas horas o de unos años. Seguramente ni lo uno, ni lo otro, ni todo lo contrario. Pero ahora necesito irme, olvidarme de todo esto, divorciarme de este blog que ha perdido su sentido y me trae recuerdos dolorosos.
P.D. Este siempre he sido yo. Nunca mi hermano gemelo.

martes, 27 de octubre de 2009

Un cuento sin perdices

Hoy me vino a cuento este cuento de cántaros contado por Félix Maria de Samaniego y cantado por Paco Ibañez

"Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
"¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!"

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
diciéndose entre sí de esta manera:

"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodearán cantando el pío, pío.

Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que corra y salte toda la campaña,
desde el monte cercano a la cabaña."
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
Adiós leche, adiós huevos,
adiós dinero, adiós lechón,
adiós vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro"

Hay quienes buscan, anhelan, ansían, o persiguen el futuro, inconscientes de que precismente ese anhelo, ese ansia, esa búsqueda, es lo que les impide alcanzar lo que desean y -lo que aún es peor- disfrutar de aquello que ya poseen.

Este cuento es un cuento sin seres felices que comen perdices. Por eso yo no quise ser ternero, ni vaca, ni lechón, ni pollo, ni dinero. Tan sólo quise ser un cántaro de leche para ser saboreado, no para ser llevado al mercado. Porque quizás así -sólo quizás, pero sólo así- en el fondo del cántaro habría encontrado la felicidad, esa que yo le podía dar. Porque quizás así, al menos me quedaría el consuelo de haber saciado su sed.

martes, 13 de octubre de 2009

Ahora, Ágora

He sido uno de los cienes y cienes de espectadores que han ido al cine este fin de semana a ver la última de Amenabar: Ágora


Y es buena.

No es que yo sea mu exigente, ni mu versado, ni mu experimentado en esto del séptimo arte. Mis gustos son de lo más variopinto (quiten ustedes el terror de casquería y en casi cualquier género encontraré una película que me haya hecho tilín). Y quizás por eso me gusta Amenabar.

No voy a compararlo con directores de la talla de Coppola, Clint o Kubrick (anda que no le queda na ni na), pero sí que empieza a tener algo en común con estos grandes que me parece muy meritorio: no se encasilla en un género, sino todo lo contrario. Algo que no pueden decir otros directores españoles consagrados (Almodóvar, que ya le vale; Garci, que sólo le salva su devoción incondicional por el Sporting o Trueba, que varía un poco más pero no deja de ser más de lo mismo, por citar al resto de oscarizados).

Amenabar empezó poniéndonos los huevecillos de corbata con un intrigante thriller: Tesis; continuó con Abre los ojos, otra de intriga pero con dosis de ciencia ficción de andar por casa (quizás la más flojilla de todas); nos volvió a poner los huevecillos de corbata, pero esta vez con nudo Windsor, con Los Otros, puro suspense psícológico; cambió totalmente de tercio y triunfó con el dramón social que es Mar adentro; y ahora nos trae Ágora una superproducción de índole histórico. Vamos, que toque el género que toque, al tío le salen unas película de lo mas recomendables.

Ágora es una buena película, que nada tiene que envidiarle a una superproducción americana. Hay quien dirá que esto es algo negativo, aunque luego se quejará de que el cine español es cutre. De hecho, ya hay quien la critica por varias razones:

1.- Porque peca de escaso rigor histórico..pero ¿quién va al cine a recibir una lección magistral de historia?. Yo no, desde luego (si así fuese, no se salva una).

2.- Porque es excesivamente comercial (hay un dato que me llamó la atención: los judíos salen bien parados, ejem…supongo que hay que caerle bien al loby judío hollywoodiense), pero…. ¿qué tiene eso de malo? ¿hay que hacer un truño sueco incomprensible e insoportable para ser "in" y que te califiquen de buen director?. Igual sí. Qué se yo. Yo no se na de cine.

3.- Porque ataca a la religión católica. Eso no es simplificar mucho, mucho. Se arremete contra la utilización que hacen de la religión los extremistas y la historia está, desgraciadamente, plagada de sucesos similares.

4.- Porque es excesivamente erudita. Vamos, vamos, que cualquiera que haya hecho la E.G.B. no tiene ningún problema para entender las cuestiones “eruditas” que trata la película (ya no me arriesgo a asegurar lo mismo con los de la E.S.O., pero probablemente, también).

5.- Porque está en inglés. Hombre....tampoco se trata de obligar a los actores a aprender español en 1.000 palabras. Pero es curioso que hay quien critica que no se haya rodado en latín o griego o arameo o lo que coño quiera que hablasen en Alejandría en el siglo IV. Cojonudo.

6.- Porque dura demasiado. Sin comentarios.

En fin, que yo me pasé un buen rato en el cine, y eso ya es decir mucho. Ahora toca esperar a la próxima…¿una de indios y vaqueros?